VIDAS DE MIERDA

KEBAB SIN CEBOLLA

INT. KEBAB DE ALI – NOCHE.
Las cinco y media de la mañana y todos los jóvenes borrachos entran como zombies a por un durum o un kebab mixto al Kebab de Ali que hay justo al lado de la discoteca más famosa de la ciudad. El dueño, que sorprendentemente no se llama Ali, trabaja a destajo para atender los pedidos de los hambrientos y finos comensales.
El restaurante es bastante pequeño, de color verde radiactivo y cuenta con dos mesas de picnic para disfrutar del suculento manjar. En una de ellas está sentada Inés revolviendo los restos de su kebab sin cebolla. Odia la cebolla cruda y ese maldito olor que se queda en la boca durante horas. No tiene ganas de hacer más el ridículo por esta noche. Suficiente ha tenido con ver a sus tres amigas irse a los baños de la discoteca con unos maromos rándom a hacer Dios sabe qué. Claro que Dios sabe qué, pero no quiere ni pensarlo. Inés no entiende por qué eso hace que se sienta mal. Los tíos de una noche nunca han sido lo suyo, pero eso no evita que algo por dentro la destroce poco a poco. Además, está lo de Diego. El jodido Diego.
Ahora le echa de menos. Después de pasar de él durante los 11 meses que estuvieron juntos, ahora le echa de menos. Manda cojones. Con su kebab enfrente, Inés se pregunta qué estará haciendo su Diego. ¿Su Diego? ¿En serio? Vaya huevazos tiene la amiga. Da igual, el muy melón siempre vuelve. Cuatro rupturas llevan ya y siempre ha acabado con él llevándola el desayuno a la cama. Inés sonríe. Es una sonrisa jodidamente egoísta y malvada. Sabe que volverá.
La puerta del Kebab de Ali se abre y aparece Diego acompañado de una chica muy mona. Los dos se ponen a la cola y miran las fotos de los quince platos diferentes que ofrece el distinguido menú de Ali. Inés les observa desde su mesita.
La chica es jodidamente guapa. ¿Más guapa que Inés? Puede. Pero seguro que no le hace sentir igual en la cama, piensa la egocéntrica. La chica es rubia, no muy alta y viste un precioso vestido negro ceñido que le hace un culo espectacular. Seguro que tiene celulitis. Ni de coña, Inés.
Inés mira a Diego y sonríe estúpidamente. A buenas horas, amiga. Está muy guapo. Como siempre.
La chica sale a fumar y deja a Diego solo mientras preparan los kebabs. Sin pensárselo demasiado Inés se acerca a él.
– Ey, tú.
– ¡Inés! Hola.
Los dos se funden en un frío abrazo.
– ¿Qué haces por aquí?
– Pues ya sabes, la recena. Y… ¿tú? Te he visto con una chica, pillín.
Está dolida de cojones.
– Sí… bueno… llevamos saliendo un par de meses. La conocí en el trabajo.
– Me alegro por ti, Diego. Te lo mereces.
Miente.
– ¿Tú que tal? ¿Todo bien?
– Sí, sí. Genial, como siempre. Ya sabes, saliendo un poquito a desfasar y tal…
El encargado pone los dos kebabs sobre una bandeja, Diego lo coge y paga.
– Bueno, me voy fuera que se enfrían. Me ha gustado verte.
– Tienes en casa todavía un par de películas y tu Batman de peluche. Esa del oeste que te gusta tanto. Pásate un día a por ello.
– Ahora tengo la edición coleccionista. No te preocupes, para ti.
Diego se da la vuelta y se dirige a la puerta.
– Diego.
El chico se gira.
– ¿Te sigues tocando alguna vez pensando en mí?
– No.

Diego sale por la puerta del Kebab de Ali. Inés se sienta en su mesa mirando fijamente a la pared. El nudo que tiene en la garganta hace casi imposible que la saliva pase por ella. Todo lo jodes, Inés. Todo.


Comentarios

Entradas populares de este blog

CARTA A MI HIJA

COSAS DE NIÑOS

PERENNE.