PERENNE.


PERENNE

A continuación voy a narrar la historia de tu vida. No esperes nada coherente, nada ordenado, pues como sueño que es, carece de todo ello. Aparentemente no le encontrarás sentido alguno. La noche, el bosque, la llanura… Seguramente no captarás la idea, pero como bien descubres en la historia de tu vida, no es tan difícil. Se trata de la historia de un cambio. Tu cambio. A mejor, creo. Gracias a ella. A Lau.

¿Cómo has llegado hasta aquí? Hace unos días todo era bonito, verde y luminoso. Ahora no es más que árboles. Te encuentras en mitad de la nada y rodeado de todo. Pero lo peor no es eso, es la luz. No hay, todo está oscuro. Desde pequeño no soportas la oscuridad, siempre has dormido con esa lucecita de cara sonriente. Era tu ángel de la guarda.
Deambulas como un alma en pena entre pino y pino o entre chopo y chopo. ¿Qué cojones sabes tú de árboles? Qué más da. No ves más allá de esa nariz aguileña que te trajo- por parte de padre- aquella cigüeña venida de París. Vas con las manos por delante por si te la rompes con el tronco de un cho… árbol. Eso, mejor llámalo árbol.
Estás acojonado. Se oyen ruidos por todas partes, andas despacio con la cabeza agachada por lo que pueda pasar. Pero no seas gilipollas, serán bichos de estos que viven en el monte. No te van a hacer daño.
Espera, ¿qué es eso? Te quedas inmóvil abrazado a un tronco, por si te fuera a proteger o algo de eso. Aunque de ese trabajo se encargaban mejor tus sábanas cuando oías algún extraño ruido en casa y te resguardabas bajo ellas. Tranquilo, todo tiene su explicación, quizá haya sido una piña que se ha caído de su rama. Espera… los chopos no tienen piñas. Vaya paranoia te estás montando con los arbolitos de los cojones, chaval. Échale huevos y sigue andando es la única solución para salir de aquí.
 Cuando te pones a ello, vuelve otra vez ese miedo. Esta vez en forma de aullido de lobos pero eso es normal, ¿quién no tiene miedo a eso? Estarías loco si piensas que no debes asustarte. Te abrazas otra vez a otro tronco y te sientas a su lado. ¿Qué hago yo aquí?, piensas. Estabas perfectamente en tu llanura, con el sol calentándote la jeta mientras intentabas tirarte a la rubia con las tetas más gordas del lugar. Ahora estás aquí, solo, con un frío de la hostia y agotado. No es normal que te canses tan pronto de andar. ¡Claro que no es normal! Estás andando cuesta arriba, subnormal.
Te quedas dormido apoyado en el tronco pero te despiertas un rato después sin saber cuánto has dormido. Ni siquiera sabes si has dormido algo o simplemente te has quedado en blanco. Te pones en pie y sigues andando, llegas a un claro y miras hacia arriba. Ahí está, lo único que es igual al sitio de donde vienes. La Luna. La observas durante un rato y sigues a lo tuyo, a intentar pirarte de ese lugar.
Ya no tienes tanto frío y tampoco estás tan cansado, ¿por qué? De repente escuchas algo extraño. Parece el croar de unas ranas. Te acercas al lugar de donde provienen esos sonidos. Es un pequeño río. Te arrodillas frente a él y bebes un poco de agua. Dios que rica sabe. Sabe a pureza, no como en tu patria donde el agua es marrón y sabe a pura mierda.
Se te cierran los ojos y te apoyas en un tronco a intentar dormir.
Te despiertas cada cinco minutos creyendo que esos ruidos del monte vienen a matarte. Pero no. Son normales, también los habría si tú no estuvieses allí.
Al despertar completamente, un rayo de sol ilumina tu cara y lo primero que ves al abrir los ojos es el suelo repleto de agujas secas. ¿Pinos? Miras hacia arriba, por si las moscas, y en efecto, los árboles están repletos de piñas. Ves, no era tan difícil. Son pinos.
Te quedas un rato mirando al cielo, tumbado sobre ese manto marrón de agujas secas y rodeado de piñas. Ya no te sientes cansado, ya no tienes miedo. El sonido del agua recién nacida bajando de la montaña y sorteando todas las piedras que se encuentra a su paso te relaja. Ya no te asusta ese lugar. Con la luz todo ha cambiado. Lo que antes hacía que te cagaras de miedo, ahora te produce una paz increíble. Te sientes a gusto en el bosque.
Algo ha cambiado en ti. Ya eres parte de aquel lugar y aquel lugar ya es parte de ti. Nunca más volverá la oscuridad. Y si vuelve, allí estará Ella para cuidar de ti. Como siempre ha estado, aunque no te dieses cuenta.

#LaMalaVieja

Comentarios

Entradas populares de este blog

CARTA A MI HIJA

COSAS DE NIÑOS