VAGAMUNDO


VAGAMUNDO

De rodillas estoy. Rodeado de ropa sucia y con las manos extendidas sobre las amarillentas llamas que salen de un barril. Por el frío y los adornos en las calles debe ser Navidad. Recuerdo cómo me gustaban estas fechas hace no tanto tiempo. Antes de quedarme sin casa y sin familia. Creo que hoy tampoco podré dormir. El techo de los soportales no abriga lo suficiente y con las pocas y malolientes mantas que llevo por encima, moriré congelado algún día de estos.
¿Puede cambiar en tan poco tiempo la vida de una persona? Pues sí. Hace no mucho, yo vivía en un modesto pero elegante piso en pleno centro de Madrid y mirad ahora: llevo tres semanas sin afeitarme, con el pelo hasta los pezones y usando una cuerda a modo de cinturón. Todo lo perdí por culpa de ella. Todo. La casa, el coche y menos mal que no tuvimos niños.
Esta mañana he podido desayunar gracias a los desperdicios de un supermercado. Si estuvieran en mi situación les daría vergüenza tirar toda esa comida. Además de coger unos bollitos para el desayuno, pude agenciarme una caja entera de mis cereales favoritos. Aunque sin leche no son lo mismo.
Por la tarde me pasé por los puestos de la plaza. Dios, me encantaba ir allí en Navidad. Las luces, la música, el olor a castañas asadas… Después de tanto tiempo viviendo en la calle, sigo sin creer que nada pueda ser como antes. No volveré a montar el árbol ni el belén, tampoco podré ir a la cabalgata y coger caramelos, ni volveré a comer esas tortitas con nata que hacían en la cafetería de Manuel.
Suena el enorme reloj. Hora de dormir.

Hoy me he levantado con los pies y las manos moradas, no podía ni moverme. Encima algún desalmado me ha robado los cartones mientras dormía. Me siento cansado, enfermo, triste. Lo peor de todo es ver pasar a familias enteras ante tus ojos cantando villancicos y recordar que jamás volverán esos momentos. A juzgar por la cantidad de gente que hay en la plaza debe ser nochebuena. ¿Qué tiene de buena para alguien como yo? Será una noche más. Bueno no, una más no. Será peor. El frío no se irá y el recuerdo de mis anteriores Navidades no me dejará dormir.
Por la tarde fui al parque y cogí un pequeño arbolito parecido a un abeto para colocarlo junto a mi lecho de cartones y mantas. Es lo más parecido que tendré a la Navidad. Mientras la inmensa mayoría de las familias están en sus casas celebrando las fiestas, yo estoy solo y congelado. Pero con mi arbolito.
La excitación que tenía de pequeño antes de vislumbrar bajo el árbol los regalos que me tría el gordito, no se volverá a repetir. Esas mariposas en el estómago que no me dejaban dormir, se han transformado en murciélagos que se comen poco a poco mis entrañas.
Hoy no he podido coger nada del supermercado así que llevo todo el día en ayunas. Mataría por un trozo de pan. Mataría por volver a probar el cordero asado de mi abuela y el flan que siempre hacía de postre. Mi cena de hoy será un par de galletitas saladas y un polvorón de color… extraño y de dudosa apariencia. La verdad, dudo mucho que sea un polvorón.
Mañana me marcho de aquí, lo he decidido. No puedo seguir aguantando esto. Ni el frío, ni la Navidad, ni las miradas de gente asqueada por mi presencia. Cogeré mi hatillo y me iré lejos. Lo más lejos posible. Necesito huir de esta vida. Espero que no me persiga, espero poder alejarla de mí porque si no lo consigo, esto a lo que algunos llaman vida, llegará a su fin.
Suena el enorme reloj. Feliz Navidad.

#LaMalaVieja

Comentarios

Entradas populares de este blog

CARTA A MI HIJA

COSAS DE NIÑOS

PERENNE.