¿CARA O CRUZ?
¿CARA O CRUZ?
Este
miércoles presencié algo fascinante, la cara y la cruz del mundo. Cuando vi
aquello, tuve lo que
los alcohólicos llaman "un momento de claridad".
El
miércoles 18 teníamos programada una excursión a Madrid para ver un musical,
muy bueno por cierto, pero para aprovechar todo el día, decidieron ir a visitar
un poco de Patrimonio Nacional. El Palacio Real en este caso, muy de moda por
el conocido tema de nuestro Juan Carlos I El
Cazador.
En
ese instante fue cuando tuve mi “momento de claridad”. En la puerta, en la
mismísima puerta del Palacio, había una pobre señora envuelta en mantas con un
pequeño cestillo en su regazo. Tenía toda la pinta de haberse pasado en aquel
lugar bastantes días con sus correspondientes noches mendigando alguna monedilla
que nos molestara en el bolsillo. La gente- me incluyo entre ellos- pasó de
largo sin hacer mucho caso a la pobre señora, que allí, enfrente de esa
majestuosa puerta, de ese majestuoso edificio, a pocos metros de la majestuosa
Catedral de la Almudena se las veía putas para conseguir unas monedas con el
fin- supongo- de llevarse algo a la boca.
Todos estamos acostumbrados a ver a multitud
de mendigos por las calles y pasar olímpicamente de ellos como si fueran
mobiliario urbano, pero esa vez para mí fue distinta. Tras la visita guiada por
el Palacio, tras haber visto todas las inmensas habitaciones- que llegan hasta
donde la vista alcanza- decoradas con tapices de terciopelo bordados en plata,
relojes de valor incalculable, cuadros de los reyes del pasado y oro, mucho
oro, sólo pude decir: Qué puta vergüenza.
Tras
la visita del palacio-como buenos paletos- fuimos a la Puerta del Sol. En ese
trayecto pude ver a bastantes mendigos tumbados en el suelo, tapados hasta la
cabeza y con el típico cestillo, su seña de identidad. Pude contar unos nueve.
Esa
vez fue diferente. Me quedé mirando a cada uno de los bultos del suelo mientras
mi cabeza pensaba en lo injusto que es este mundo. Mientras millones de
personas pasan la noche a la intemperie, sin nada que llevarse a la boca, otros
viven en sus palacios con un harén de mayordomos y mayordomas, entre otros
seres, sentados tan tranquilamente enfrente del televisor. E incluso- Otros- se
pueden permitir el lujo de ir a cazar a países lejanos en aviones privados y
tras sufrir un resbalón, volver a España para ser operados de urgencia. No sé
qué hubiera pasado si tras el regreso de Otros, un indigente en la puerta- en
la mismísima puerta- del hospital hubiera sufrido un infarto. ¿Qué hubiera prevalecido?
¿La vida de un don nadie o la cadera de un Otro? Si esto no lo veis claro, os
recomiendo que os deis a la bebida para poder experimentar vuestro “momento de
claridad”. Todos deberíamos tener uno.
#LaMalaVieja
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