EN AQUELLA PARTE, EN AQUEL LUGAR
En aquella
parte, en aquel lugar
Entonces abrió los ojos, pero no podía ver
nada.
Imaginó dónde estaría… se sentía cómodo; ni frío ni calor.
Seguramente tendría todo lo que podía
necesitar: una habitación, agua, comida, papel…
Le faltaba ella… pero estaba ahí, con él.
Le parecían extrañas aquellas palpitaciones
que sonaban rítmicamente, pero no se
atrevía a preguntar.
Probablemente no hubiera nadie más por allí…
no, estaba seguro;
No había nadie más por allí.
Se sentía tan feliz y pleno, que ni siquiera
se dignó a pensar más en ello, sólo disfrutaba.
La curiosidad llamó de pronto. Comenzó a
toquetearlo todo…
¡Ja!
¿Con que un cuarto cerrado eh?
” No hay problema, me quedaré aquí para
siempre.”- pensó. Sonrío y dejó de pensar.
Se le hacía familiar aquella sensación de
bienestar… muy familiar.
Tocó una de las supuestas paredes y se
percató de que instantáneamente, había aparecido un líquido en sus manos…
viscoso…de color rojo, imaginó.
No podía ser casualidad, el líquido provenía
de las paredes. Así lo dedujo él.
Una palpitación sonó más fuerte que las
demás. Seguro.
¿Seguro? Sí, seguro.
Escuchó un eco… era su voz… ¡su voz! La voz
de ella... seguro.
¿Seguro? Si, joder, seguro.
Ahora su corazón se oía incluso más que las
palpitaciones esas… raras.
Moría de ganas por contarle todo esto, y por
traerla a su lado.
-¿Hola? ¿Pequeña, estás ahí?
Su voz sonaba como enlatada, qué cosa tan graciosa. Se tumbó en el suelo a
reírse, después se levantó, se sentó en una silla, e intentó hablar. Sin éxito.
Es
que le parecía muy graciosa su voz.
Se puso serio por fin, y la llamó otra vez,
pero no obtuvo respuesta alguna.
Se entristeció de pronto y se sentó en un
sofá que había en algún sitio del sitio
en el que estaba. La quería con él, desesperadamente.
Súbitamente, volvió a escucharla, parecía que
cantara y… que hablara con alguien. Sí… reían y… curiosamente, notó que las palpitaciones habían acelerado
su ritmo.
Trató de escuchar bien la otra voz, grave y
autoritaria.
Se quedó helado al comprobar que era la suya
propia, pero sin enlatar, lo que le alivió un poco.
En
fin, todo estaba empezando a no tener nada de gracia.
Medio muerto de incertidumbre y confusión, se
quedó dormido.
Al despertar ya no se oía el zumbido de las
voces (la suya y la de ella) con el que se había dormido… ¿Horas? ¿Minutos?
TIEMPO antes.
Sólo
había silencio….
Y la palpitaciones, claro.
Se sentía mucho más tranquilo, la sensación
de bienestar había regresado.
Otra vez plenitud.
Volvió a escuchar su voz. Estaba dispuesto a
hacer lo que fuera necesario con tal de hablarle, tenía que saber lo que estaba
pasando, pero esa sensación tan cálida en el pecho…
Lo hizo, le habló, le preguntó dónde estaba,
qué estaba pasando con él… todo, todo y aun más todo.
Le dijo que lo sacara de allí. Tenía que ayudarle,
se lo debía.
Ella dijo que no podía, y que, aunque
quisiera, jamás lo haría, no podría. Nunca. Se enfadó tantísimo que se quedó
dormido en el suelo, medio llorando de rabia.
Soñó con una solución. Casi la alcanzaba,
podía rozarla con la punta de los dedos, acariciarla con los labios, y que
estos rozaran la boca de ella… pero no consiguió nada.
Sudoroso.
Despertó minutos después y lo comprendió
todo.
Comprendió todo; las palpitaciones, la
sensación cálida del pecho, su voz
enlatada, su propia tesitura en el exterior, la voz de ella como eco, el
líquido de las manos tras tocar las paredes del “recinto” en el que estaba, el
que estuviera completamente sólo en aquel lugar… En fin..
TODO.
Ella
se lo había intentado decir, pero él no lo había comprendido del todo.
Ahora
ya sí.
Se sentía feliz, más feliz que nunca, porque
ya sabía donde estaba.
¿Y donde estaba?
En
su corazón. En el corazón de ella. Allí, para siempre.
Fdo:
Lau…*
#LaMalaVieja
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