ROBAN FOOD
Roban food
Es
de sobra conocido por todos, las calamidades por las que tienen que pasar los
vagabundos, sin techo, o como queráis llamarlos, todas las noches, y más, en
invierno. Con la rasca que cae. A todos, cuando los vemos, nos dan pena,
lástima e incluso a algunos desalmados, en mi humilde opinión, miedo o asco.
Cuando
tenemos el día solidario, nos acercamos a ellos y sonriendo les echamos una
monedilla de cincuenta céntimos e incluso, los más derrochadores, una señora
moneda de dos euros. Y con eso, ya podemos hacer todas las putadas que queramos
a lo largo del día, que nuestra conciencia estará tranquila.
Pero
tristemente, hay casos muy diferentes. Unos hijos de puta, porque no se les
puede calificar de otra manera, no tienen nada mejor que hacer que ir a un
pobre vagabundo, el cual duerme tan plácidamente
entre sus acogedores cartones, y empezar a molestarle con insultos, vejaciones
y, en algunos casos, hasta palizas. Pero no pasa nada, porque esos niñatos de
papá con jersey al cuello y cinturón rojo, amarillo y rojo a juego con sus
tirantes, quedarán impunes gracias a sus trajeados papis.
Un
poco de sentido común, señores. No podemos dar de día dinero, como buenos
samaritanos, para que luego vengan cuatro engominados oliendo a Dulce y Banana y, a lo Robin Hood, les
quiten lo poco que tienen. Robar a los pobres para quedárselo los ricos.
#LaMalaVieja
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