ELLA


ELLA

Bip, bip, bip, bip. Sonido del despertador. Abres los ojos por primera vez en siete horas y vislumbras pequeños y borrosos rayos de sol entrando por la rendija de la persiana. Te levantas aún dormido y te pones las zapatillas al revés. No tienes ganas de cambiártelas y vas hacia el baño, la sopa de ayer empieza a hacer sus efectos. Con los ojos entreabiertos levantas la tapa y comienzas a evacuar todo ese líquido que te oprimía la vejiga. Tal es la presión con la que sale que sin poder controlarlo, se te escapa una pequeña gran parte de ese líquido amarillento sobre las baldosas. Joder.
Vas a la cocina y te preparas tu cacao con galletas. Sacas la leche del micro y lo llevas todo al comedor. Por el camino, gracias a tu subnormalidad, te caes y miras desde el suelo el vaso roto, la leche esparcida por la tarima y las zapatillas, del revés, aún puestas. Recoges todo el desastre y te vistes, ya no da tiempo a desayunar. Te lavas los dientes y sales a calle. Otro día de mierda.

El cielo de color gris hace presagiar tormenta, pero ya no subes a por el paraguas, igual tienes suerte y no llueve. ¿Suerte? ¿Tú? Los cojones. Sales del portal y empieza a llover como nunca. Serás gilipollas. Llegas a clase completamente empapado y tiritando. Como un cachorrillo te acercas al radiador y esperas ese fatídico momento que es cuando el profesor cruza el umbral de la puerta. Tu mirada está fija en el marco color marrón y tus manos tocando el radiador ardiendo no entran en calor. Por fin llega el momento, entra el profesor. Te sientas, apoyas tu cabeza en las manos y cierras los ojos. Te espera hora y media de charla.

Al acabar las clases, una vez que has entrado en calor, toca salir otra vez a la calle, a joderte de frío, pero la ves. Te quedas embobado mirando su delgada y esbelta figura, ella se da la vuelta te mira con esos ojos enormes y verdemente azulados. Sigues embobado mientras ella te sonríe con esos dientes tan blancos como el hielo del congelador y se acerca a ti. Te empiezan a temblar las rodillas y tu corazón palpita como si no hubiera mañana. Como si fuera la primera vez. Cuando está tan cerca que puedes llegar a apreciar su dulce y tierno olor, te das cuenta de que merece la pena levantarse por las mañanas si algo así te está esperando. Algo como ella. Se acerca y te abraza. Os fundís en el abrazo más hermoso, más sincero que pudieras imaginar y te besa. Te besa con esos labios carnosos de sabor a miel mientras tu corazón sigue a lo suyo, a palpitar cada vez más rápido. Va a estallar. Ella coge tu mano y empezáis a caminar mientras te habla. Ahora mismo eres incapaz de escuchar lo que dice, solamente puedes mirarla y darte cuenta de que por muy jodido que esté el día, la tarde y la noche, siempre estará ella para hacerte sonreír. Porque ella es tu vida. Ella es tu mundo. Ella lo es todo.


#LaMalaVieja

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