CORAZÓN DE PIEDRA
CORAZÓN DE PIEDRA
Sabor
a hierro. La sangre que me brota de la nariz llega a mi boca y es ese sabor el
que me hace despertar del letargo en el que estaba inmersa. Estoy atrapada. Con
medio cuerpo bajo tierra, sólo mi cabeza y hombros sobresalen del fango.
Delante de mí nueve hombres y el suelo repleto de piedras. Ya sé lo que me
espera. Creo que mi mente no está preparada, no puede asumir que este sea mi
último día de vida. Mis últimos minutos.
Lo
último que recuerdo es estar bajo el sudoroso y apestoso cuerpo de un hombre, con
las piernas abiertas, el burka destrozado y muriendo de dolor. Intenté
resistirme, pero fue en vano. Y creo que por eso estoy aquí, por no ser fiel a
mi marido. Yo no quise, juro que no quise. Él me forzó.
El
sabor a hierro antes presente en mi boca, ha desaparecido, ahora lo único que
puedo saborear es la salubridad y humedad de las lágrimas que brotan de mis
ojos. No puedo controlarlas.
¿Merezco
estar aquí? Las leyes o costumbres- no lo sé muy bien- son muy estrictas ante
una infidelidad, pero yo no le fui infiel. Yo no quería. Ya de nada sirve
decirlo, mi voz apenas puede oírse, me he quedado afónica de tanto suplicar.
Todavía tengo la esperanza de que algo o alguien me saque de este agujero,
aunque no sé si podría vivir con el remordimiento. Quizá ellos tengan la llave
para aplacar este sufrimiento y lo que me espera no sea tan malo comparado con
lo que podría ocurrir si no cumplen con su deber. Matarme.
Los
insultos de los hombres que hay delante de mí no cesan. Lo peor de todo, lo que
más me duele es la presencia de mi marido y mis dos hijos mayores entre los más
enfervorizados del pelotón. Espero que mi pequeña princesa Amira esté bien. Te
voy a echar de menos.
Los
insultos cada vez se encrudecen más y más y no puedo parar de llorar. Me supera
todo esto; mi marido, la persona que más he querido en este mundo, me
desprecia. Mis dos hijos mayores, a los que di la vida, me ven como a una puta,
a una indecente. Una adúltera. No puedo más.
Por
fin un poco de calma. El silencio que precede a la tempestad. Cada vez más
gente se agolpa a mi alrededor, como si esto fuera una atracción turística. ¿Es
que nadie en este país tiene un poco de sentido común? Terminan los rezos, es
el principio de un largo y doloroso fin.
“Si se
sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos: el hombre
que se acostó con la mujer y también la mujer. Si una joven virgen está
prometida a un hombre y otro hombre la encuentra en la ciudad y se acuesta con
ella, los sacaréis a los dos a la puerta de esa ciudad y los apedrearéis hasta
que mueran” (Deuteronomio 22, 22-24)
#LaMalaVieja

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