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NAVIDAD.

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  Capítulo XXI Ya es verano en el Corte Inglés , anunció una voz enlatada de mujer que se filtraba por los altavoces de una televisión de culo ancho y de muy pocas pulgadas. Si a eso se le puede llamar pulgadas. ¿Verano? —pensó José— Qué cojones verano, si estamos en Navidad. Todos los años igual, cuando hace falta comprar abrigos, bufandas y esas cosas sólo se puede comprar bañadores, bikinis y gafas de sol. Qué asco, joder. Mierda, se me olvidó sacar la cigala del congelador y no la podré hacer para cenar. Bueno, me tendré que conformar otro día más con un sobre de sopa y unos pocos berberechos de lata. Una suculenta cena de Nochebuena, sí señor. ¿Quién es ese hombre que me mira y me desnuda…? —Diga —¿Señor López? —Sí, soy yo. ¿Quién llama? —Soy el señor Antón. ¿Acabó los informes que le pedí esta mañana? —No señor, me dijo que eran para después de vacaciones. —Pero qué dice, idiota. Le dije que tenían que estar urgentemente y como máxi...

ELLA

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ELLA Bip, bip, bip, bip. Sonido del despertador. Abres los ojos por primera vez en siete horas y vislumbras pequeños y borrosos rayos de sol entrando por la rendija de la persiana. Te levantas aún dormido y te pones las zapatillas al revés. No tienes ganas de cambiártelas y vas hacia el baño, la sopa de ayer empieza a hacer sus efectos. Con los ojos entreabiertos levantas la tapa y comienzas a evacuar todo ese líquido que te oprimía la vejiga. Tal es la presión con la que sale que sin poder controlarlo, se te escapa una pequeña gran parte de ese líquido amarillento sobre las baldosas. Joder. Vas a la cocina y te preparas tu cacao con galletas. Sacas la leche del micro y lo llevas todo al comedor. Por el camino, gracias a tu subnormalidad, te caes y miras desde el suelo el vaso roto, la leche esparcida por la tarima y las zapatillas, del revés, aún puestas. Recoges todo el desastre y te vistes, ya no da tiempo a desayunar. Te lavas los dientes y sales a calle. Otro día...

CORAZÓN DE PIEDRA

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CORAZÓN DE PIEDRA Sabor a hierro. La sangre que me brota de la nariz llega a mi boca y es ese sabor el que me hace despertar del letargo en el que estaba inmersa. Estoy atrapada. Con medio cuerpo bajo tierra, sólo mi cabeza y hombros sobresalen del fango. Delante de mí nueve hombres y el suelo repleto de piedras. Ya sé lo que me espera. Creo que mi mente no está preparada, no puede asumir que este sea mi último día de vida. Mis últimos minutos. Lo último que recuerdo es estar bajo el sudoroso y apestoso cuerpo de un hombre, con las piernas abiertas, el burka destrozado y muriendo de dolor. Intenté resistirme, pero fue en vano. Y creo que por eso estoy aquí, por no ser fiel a mi marido. Yo no quise, juro que no quise. Él me forzó. El sabor a hierro antes presente en mi boca, ha desaparecido, ahora lo único que puedo saborear es la salubridad y humedad de las lágrimas que brotan de mis ojos. No puedo controlarlas. ¿Merezco estar aquí? Las leyes o costumbres- no lo...

VAGAMUNDO

VAGAMUNDO De rodillas estoy. Rodeado de ropa sucia y con las manos extendidas sobre las amarillentas llamas que salen de un barril. Por el frío y los adornos en las calles debe ser Navidad. Recuerdo cómo me gustaban estas fechas hace no tanto tiempo. Antes de quedarme sin casa y sin familia. Creo que hoy tampoco podré dormir. El techo de los soportales no abriga lo suficiente y con las pocas y malolientes mantas que llevo por encima, moriré congelado algún día de estos. ¿Puede cambiar en tan poco tiempo la vida de una persona? Pues sí. Hace no mucho, yo vivía en un modesto pero elegante piso en pleno centro de Madrid y mirad ahora: llevo tres semanas sin afeitarme, con el pelo hasta los pezones y usando una cuerda a modo de cinturón. Todo lo perdí por culpa de ella. Todo. La casa, el coche y menos mal que no tuvimos niños. Esta mañana he podido desayunar gracias a los desperdicios de un supermercado. Si estuvieran en mi situación les daría vergüenza tirar tod...