LAS CUATRO VIDAS DE JESUCRISTO

TE ALABAMOS, ÓYENOS.


EXT – VALLA DE MELILLA. NOCHE.
Un gran grupo de personas están apostados entre los arbustos de la zona cercana a la valla. Se dividen en pequeños grupos de unos cuatro o cinco y se distribuyen a lo largo del perímetro de la alambrada refugiados en las sombras de la noche.
En uno de los pequeños grupos está Jesús (33), un joven alto, delgado, con el pelo largo y una barba castaña que pone algo de rudeza en su rostro sensible y bondadoso. Sus padres son marroquíes, pero su nombre hispano viene de su abuelo por parte de madre que tuvo que huir a África tras el golpe del 18 de julio. Su piel es color caoba y lleva el pelo recogido con un modesto moño.
Los cuatro que forman el grupo de Jesús están de rodillas en la arena con la cabeza agachada y murmurando algunas palabras. Rezan. Cuando acaban la oración Jesús se santigua y besa en la frente a sus tres compañeros. Se adelanta un poco gateando por la arena para poder visualizar mejor la valla. La zona está iluminada por grandes focos de neón y patrullada por un pequeño número de Guardias Civiles. La policía es lo que menos preocupa a Jesús que vuelve con sus compañeros y les susurra algo que no podemos llegar a oír. Vemos cómo los demás grupos de inmigrantes avanzan hacia la valla lentamente y en sepulcral silencio, Jesús y su grupo hacen lo propio. Su rostro refleja tranquilidad y serenidad, pero en el fondo siente un nudo en la boca del estómago que le llega hasta la garganta. Tiene que mantener las formas delante de sus compañeros, de sus amigos.
Justo antes de llegar a la zona iluminada por los focos, los inmigrantes se paran y miran a Jesús que mira al cielo y avanza saliendo de las sombras y penetrando bajo la blanca luz de los neones. Los inmigrantes le siguen y comienzan a escalar la valla a toda velocidad. La Guardia Civil da la alarma y el ruido de una sirena ensordecedora toma protagonismo en la escena. La voz enlatada de un megáfono solapa a la sirena:
– Desalojen la valla ahora mismo.
Jesús hace caso omiso y sigue subiendo. La situación es crítica: más de cincuenta inmigrantes escalan a la vez la valla mientras los seis Guardias Civiles intentan disuadirles con gritos. Uno de ellos entra en una caseta y sale con una escopeta de bolas de goma. Los demás le imitan y todos cargan sus armas. El megáfono vuelve a hablar:
– Bajen ahora mismo de la valla o nos veremos obligados a hacer fuego.
Superados por la situación los policías deciden actuar.
– Fuego.
Una lluvia de pelotas de goma cae sobre la valla haciendo que algunos de los inmigrantes caigan al suelo malheridos. Jesús mira a los caídos, pero sigue su escalada hasta llegar a la cima, la zona de las concertinas. Eso sí es lo que preocupa a Jesús. Con mucha delicadeza intenta esquivarlas, pero es un trabajo muy complicado, a mucha altura y Jesús no es especialmente inmune al vértigo. Logra pasar una pierna por encima, pero uno de los alambres se clava en su muslo y lo atrapa. Un chorro de sangre comienza a brotar de la pierna del inmigrante que gracias a la adrenalina apenas siente el dolor. Mientras, los policías siguen disparando contra todo lo que se mueve absolutamente desbordados, algunos de los inmigrantes ya han logrado saltar la valla y corren hacia territorio español mientras los Guardias Civiles intentan cortarles el paso en vano. La pierna de Jesús continúa sangrando y mancha la cara de los inmigrantes que suben tras él. Uno de los policías pone el ojo en nuestro protagonista que intenta pasar las concertinas. Rápidamente el Guardia Civil recarga su escopeta y apunta a Jesús que no se da cuenta de nada y sigue intentando liberar su pierna del afilado metal. Ahora sí que el dolor empieza a hacer mella en él que intenta, con la ayuda de su brazo derecho liberarse de esa trampa mortal a seis metros de altura. De repente una pelota de goma impacta en la cabeza de Jesús desequilibrándolo y tirándolo de la valla llevándose con él un gran trozo de concertina. El golpe contra el suelo es brutal, Jesús, con los ojos abiertos, no reacciona y la sangre continúa brotándole de la pierna. Además, de la parte trasera de su cabeza comienza a emanar sangre también. El golpe ha hecho que su pelo, antes recogido, se haya liberado del moño y esté ahora suelto y teñido por la sangre. Un trozo de concertina que arrancó con su caída descansa ahora sobre su cabeza formando una imagen bastante familiar. Jesús con los ojos fijos en el cielo oscuro habla:
– No saben lo que hacen.

La oleada de inmigrantes consigue atravesar la valla a pesar de los intentos de la Guardia Civil y Jesús cierra los ojos lentamente para descansar.



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