VIDAS DE MIERDA
BALADA TRISTE DE GUITARRA.
INT. HABITACIÓN – NOCHE.
Una
pequeña habitación. El humo del tabaco emula a las peores nieblas
del Londres victoriano y apenas deja ver a un palmo de distancia.
El cuarto está en tinieblas y un fino rayo de luz azul entra por la
ventana, seguramente será el fluorescente del vecino del segundo.
Hay un chico sentado en la esquina
junto a la estrecha cama. Tiene la cabeza apoyada en la pared, la luz
naranja del cigarro ilumina su cara cuando respira. Entre sus piernas
sostiene una guitarra y a su lado hay un cenicero repleto de
colillas. No deja de mirar al techo, está absorto en algo ¿pero en
qué? Vamos a meternos en su cabeza.
<<...>>
Qué raro, no oímos nada. Quizá no
esté pensando en nada. La ceniza del cigarro cae sobre la camiseta
del chico. Mueve su mano izquierda a lo largo del mástil y con la
derecha comienza a rasguear las cuerdas. Ahora sí tiene que pensar
algo, vamos a intentarlo otra vez.
<<No.
No era así. Mierda. ¿Y la letra?... Tampoco. Hostias. Debiste haber
prestado atención mientras todavía estaba viva. Subnormal.>>
Demasiados tacos. Es sin duda el
típico caso del hombre poseído por la rabia. Comprendemos que el
lector no quiera continuar más allá de estas líneas. Le avisamos
que lo que viene a continuación no será mucho más agradable,
tenemos mucha experienc... Hostia. El chico se levanta furioso, da
una patada al cenicero, coge la guitarra del mástil con las dos
manos y la revienta contra la pared. El instrumento se hace pedazos,
el chico se ha quedado con el mástil en la mano y las demás partes
de la guitarra se han dispersado por toda la habitación. El suelo de
parquet está ahora cubierto de ceniza, colillas y pequeños trozos
de madera. Ah, y algunas cuerdas que saltaron del clavijero al
golpearse contra el gotelé. El chico se desploma sobre la cama, cae
como si fuera un peso muerto provocando un gran estruendo producido
por los viejos muelles del raído colchón.
<<Tarde.
Siempre tarde. Ahora bien que te acuerdas de ella, bien que la echas
de menos. Debiste habérselo dicho antes, mucho antes. Toda esta
mierda ya no sirve de nada. Se ha ido, hostia.>>
El chico cierra los ojos
y se acurruca en la cama para intentar dormir. Busca durante un rato
una posición cómoda pero no la encuentra. Cansado, se incorpora
sobre la cama apoyando la espalda en el cabecero.
<<¿Ves?
Esto con ella no hubiera pasado. Una de cada cuatro noches te ibas a
dormir sofá para no molestarla con tus movimientos de insomne hijo
de puta. Y cuando menos lo esperabas, aparecía a tu lado.
Abrazándote. Haciéndote la cucharita, sí. Nunca te dejaba solo. Ni
siquiera para dormir que era lo que más amaba en el mundo. Después
de a ti. Y en el incómodo sofá en el que apenas te cabían las
piernas dormías mejor que en la cama más lujosa del universo. ¿Por
qué?...>>
El lector, que no es
tonto y está versado en el noble arte de la deducción ya sabrá el
porqué.
El labio inferior del
chico comienza a temblar y de sus ojos empiezan a brotar lágrimas
que no pararán. No en mucho tiempo.
Habíamos avisado a
nuestros buenos amigos que la historia se pondría dramática. Por
eso decidimos, creemos que sabiamente, dejar por el momento este
relato para no saturar al lector de amargura. Solo por el momento.
CONTINUARÁ.

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