Entradas

Mostrando entradas de octubre, 2012

VAGAMUNDO

VAGAMUNDO De rodillas estoy. Rodeado de ropa sucia y con las manos extendidas sobre las amarillentas llamas que salen de un barril. Por el frío y los adornos en las calles debe ser Navidad. Recuerdo cómo me gustaban estas fechas hace no tanto tiempo. Antes de quedarme sin casa y sin familia. Creo que hoy tampoco podré dormir. El techo de los soportales no abriga lo suficiente y con las pocas y malolientes mantas que llevo por encima, moriré congelado algún día de estos. ¿Puede cambiar en tan poco tiempo la vida de una persona? Pues sí. Hace no mucho, yo vivía en un modesto pero elegante piso en pleno centro de Madrid y mirad ahora: llevo tres semanas sin afeitarme, con el pelo hasta los pezones y usando una cuerda a modo de cinturón. Todo lo perdí por culpa de ella. Todo. La casa, el coche y menos mal que no tuvimos niños. Esta mañana he podido desayunar gracias a los desperdicios de un supermercado. Si estuvieran en mi situación les daría vergüenza tirar tod...

SOLEDAD

SOLEDAD ¿Has imaginado alguna vez cómo sería la Muerte? ¿Su aspecto, su tamaño, su hedor? Ahora mismo la tengo delante y jamás imaginé que tendría esta forma. La forma de cuatro soldados apuntando a mi cabeza o a sabe Dios dónde. Es cierto eso que dicen. Justo antes de morir se te pasa toda tu vida por delante. Tus recuerdos de la infancia, tu primer beso, tu primer desengaño, tu primer polvo… Todo. Cuando esos hombres que tengo ahí delante como pasmarotes rifle en mano hagan fuego, cuando yo muera, no creo que vaya a echar de menos todo esto. No tenía nada, no tenía a nadie y creo que por eso estoy aquí. Todos estos años he evitado el trato con la gente. El mero hecho de salir a comprar el pan y establecer una conversación con el tendero, me producía una sensación difícil de explicar. Me pasaba los días en casa. Rodeado de libros, tinta y papel. El suelo de mi habitación estaba repleto de pelotillas de papel arrugado, de palabras muertas, de historias sin fin....

LIBERTAD

LIBERTAD Fría y húmeda celda. Me encerraron hace ya cuatro años y sigo sin saber el motivo. Cada día es igual al anterior. Ya no sé diferenciar entre el atardecer de uno y el amanecer de otro. Todos los días comienzan con un plato de algo que se supone comida entrando por una pequeña trampilla que tiene la puerta de esta ridícula estancia en la que espero mi muerte. Pero para morir antes hay que vivir y no sé si a esto se le puede llamar vida. Siempre es lo mismo, una especie de puré color mierda y de un sabor inaguantable. Los primeros días que pasé en este lugar, no podía comer dos cucharadas de aquella masa viscosa sin que una sonora arcada subiera desde mi estomago a mi garganta. Ya me da igual. Como lo que me echen. Sin ir más lejos, ayer tenía tanta hambre que me comí a Daisy. Mientras masticaba su tierno cuerpecito, dos lágrimas enormes brotaban de mis castaños ojos. No pude terminármela entera. Puse su cabecita sobre ese montón de paja al que llamo almo...