VAGAMUNDO
VAGAMUNDO De rodillas estoy. Rodeado de ropa sucia y con las manos extendidas sobre las amarillentas llamas que salen de un barril. Por el frío y los adornos en las calles debe ser Navidad. Recuerdo cómo me gustaban estas fechas hace no tanto tiempo. Antes de quedarme sin casa y sin familia. Creo que hoy tampoco podré dormir. El techo de los soportales no abriga lo suficiente y con las pocas y malolientes mantas que llevo por encima, moriré congelado algún día de estos. ¿Puede cambiar en tan poco tiempo la vida de una persona? Pues sí. Hace no mucho, yo vivía en un modesto pero elegante piso en pleno centro de Madrid y mirad ahora: llevo tres semanas sin afeitarme, con el pelo hasta los pezones y usando una cuerda a modo de cinturón. Todo lo perdí por culpa de ella. Todo. La casa, el coche y menos mal que no tuvimos niños. Esta mañana he podido desayunar gracias a los desperdicios de un supermercado. Si estuvieran en mi situación les daría vergüenza tirar tod...